Recuerda con melancolía aquella pequeña ventana, de cristales opacos y sombras juguetonas por detrás; recuerda las noches de soledad y tristeza de aquella primavera, donde el viento entonaba una melodía armoniosa y los árboles bailaban al compás del crujido de toda estructura, creando llamaradas en la ventana con la luz naranja de las calles al juguetear con las sombras. Recordaba ese sentimiento reconfortante al observarle, inmersa en el silencio de la noche, como si al otro lado alguien más se encontrara añorando lo mismo que ella, sintiendo sus deseos, sufriendo sus derrotas, mirando por esa pequeña ventanilla que escondía el misterio de las sombras juguetonas.
Pero ¿qué era exactamente lo que añoraba? ¿La soledad? No la tenía ni la deseaba. ¿La muerte? Aunque la embriagara un latente sentimiento de que debería, no deseaba hacerlo. ¿Sería el amor de otras personas? Lo tenía, aunque no lo mereciera. ¿De qué se llenaría ese vacío en sus entrañas? Tal vez tras la ventana habían respuestas y verdades.
Sin embargo, ¿qué era eso que tanto la reconfortaba? ¿Qué era lo que la atrapaba durante los momentos sin reloj? Tal vez eran las luces deseando ser estrellas en la lejanía, o las hojas de los árboles intentando acariciar de vuelta al viento; quizá era el viento mismo, posándose suavemente sobre el mundo, o las expectativas de lo desconocido. Podría ser la noche, oscura y solitaria, independiente del deseo y las complacencias... Podría ser que detrás de la ventana habría claridad, lucidez.
Podría haber sido el mundo entero tras esa ventana vieja y opaca, pero ella no buscaba la razón, sino el consuelo que le brindaba sumergirse en el misterio de su ventana.
. -----Amèlie--------