miércoles, 7 de marzo de 2012

Viento

El viento soplaba con cierta cautela, queriendo demostrar su furia, haciendo las debidas pausas para que se reconozca como una constante advertencia. Su fuerza era suficiente para mantener el cielo gris, con el ambiente tan saturado de tierra que se podía apreciar a simple vista la densidad del aire. El sol semejaba una luna incandescente y el canto de las aves se ahogaba en los silbidos del viento. ¡Pero que maravilloso día era este! Sin duda aprecio este clima, tan lleno de rabia pero a la vez tan sutil que otros solo pueden verlo como una ligera molestia. Supongo que es porque me identifico con ello. Durante años he pasado desapercibida en la percepción de otras personas, es como si no existiese para ninguno de ellos, solo están acostumbrados a mi presencia, como la del viento. Pero sutilmente encuentro mi camino en la mirada de alguien.

Ahora mismo, como ejemplo, me convierto en el único reflejo que perdurara en los ojos de el, mi persona de ocasión. He tratado de llamar su atención, pero se negaba a brindármela, limitándose a ignorarme con esos ojos grises, tan únicos y enigmáticos, enmarcados por esas cejas negras tan pobladas, estampados en el lienzo blanco como la leche que es su piel. Tantas veces me imaginé acariciando esos pómulos tan pronunciados y a esos labios tan carnosos y rosados emitiendo palabras solo para mi. Creo que siempre fui muy tímida para captar su mirada.

Finalmente encontré lo que deseaba: sus cejas se han estremecido mientras llena sus pómulos de lágrimas, sus ojos me llaman con pasión engullendo mi imagen para hacerla suya para siempre, su boca susurra palabras mudas, hermosamente envueltas en gemidos y suspiros mientras su aliento se le escapa. ¡Debe estar tan lleno de emoción en este momento! Y su corazón, ¡oh, su corazón! Tan maravilloso y perfecto, latiendo solo para mi, acariciando mis manos mientras ellas lo sostienen, regalándome esos golpecitos de amor, latidos poderosos y luchadores. Casi puedo saborearlo mientras me encargo de sacarlo de su pecho, regalándole la imagen de su vida en mis manos. Si tan solo pudiera disfrutar este momento como yo lo hago, llenarse de este éxtasis y encontrar su camino a mi lado.

Nunca olvidaré esa lluvia carmesí que me ha regalado en el clímax de nuestro encuentro, algún día nos reencontraremos y solo tendrá ojos para mí. Algún día todos me verán, nadie será capaz de ignorar el viento cuando se convierte en un tornado.