Ahora mismo, como ejemplo, me convierto en el único reflejo que perdurara en los ojos de el, mi persona de ocasión. He tratado de llamar su atención, pero se negaba a brindármela, limitándose a ignorarme con esos ojos grises, tan únicos y enigmáticos, enmarcados por esas cejas negras tan pobladas, estampados en el lienzo blanco como la leche que es su piel. Tantas veces me imaginé acariciando esos pómulos tan pronunciados y a esos labios tan carnosos y rosados emitiendo palabras solo para mi. Creo que siempre fui muy tímida para captar su mirada.
Finalmente encontré lo que deseaba: sus cejas se han estremecido mientras llena sus pómulos de lágrimas, sus ojos me llaman con pasión engullendo mi imagen para hacerla suya para siempre, su boca susurra palabras mudas, hermosamente envueltas en gemidos y suspiros mientras su aliento se le escapa. ¡Debe estar tan lleno de emoción en este momento! Y su corazón, ¡oh, su corazón! Tan maravilloso y perfecto, latiendo solo para mi, acariciando mis manos mientras ellas lo sostienen, regalándome esos golpecitos de amor, latidos poderosos y luchadores. Casi puedo saborearlo mientras me encargo de sacarlo de su pecho, regalándole la imagen de su vida en mis manos. Si tan solo pudiera disfrutar este momento como yo lo hago, llenarse de este éxtasis y encontrar su camino a mi lado.
Nunca olvidaré esa lluvia carmesí que me ha regalado en el clímax de nuestro encuentro, algún día nos reencontraremos y solo tendrá ojos para mí. Algún día todos me verán, nadie será capaz de ignorar el viento cuando se convierte en un tornado.
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