Ahogándose en una oleada de pensamientos, el viento encuentra su mayor batalla. Día y noche, encuentra en un embrollo monocromático mil tonalidades de gris, invadiéndose la una a la otra sin propósito ni resultado, perturbando el equilibrio y abatiendo la tranquilidad del pensamiento.
¿Cuántas son las interrogativas que lo someten día a día? Enredándolo en una fina red de seda donde es más cómodo recostarse y permitir que la delicadeza de cada hebra lo seduzca, restándole importancia al inminente desenlace: la incertidumbre. Libra en ella mil batallas imaginarias, regalando caricias desde su invisibilidad, moviéndolo todo con fuerza y ambición, resultando nada mas que el desastre tras de el. Mil preguntas lo persiguen y lo asechan, mientras la mayor incógnita yace detrás de todas ellas... ¿Contra qué está luchando en realidad? Se entrega a cada minuto al campo de batalla, apasionado y determinado, pero ciego en la ignorancia, sin conocer a su enemigo, sin conocer su objetivo.
¿No es acaso la batalla más difícil la que mantiene sin saber lo que defiende?
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